Los incendios más famosos y devastadores de la Historia

A lo largo de la Historia se han producido numerosos incendios, algunos al parecer intencionados, otros por terremotos, por accidentes o por imprudencias.  Hoy os hablamos de los cinco incendios más devastadores de la historia. ¡Quién sabe qué hubiera pasado si Grupo de Incendios hubiese estado presente!

1. El Gran Incendio de Roma

Una noche de julio del año 64 d. C. se declaró un atroz incendio en el área del Circo Máximo, en Roma. El viento propagó rápidamente las llamas, sembrando el terror entre la población. Durante seis días y siete noches el fuego se propagó en cuatro de los catorce distritos de Roma los cuales fueron arrasados, y otros siete quedaron dañados. Finalmente, se logró habilitar cerca del monte Esquilino una zona abierta para servir de cortafuegos. Las sospechas recayeron sobre Nerón, y sobre los culpables que él señaló: los cristianos. Este desastre continúa siendo, a día de hoy, uno de los episodios más conocidos de la Roma Imperial.

Gran Incendio Roma


2. El Gran Incendio de Chicago

Chicago de 1871 era una ciudad edificada básicamente en madera, con edificios de hasta 6 alturas construidos íntegramente en este material, e incluso muchas calles pavimentadas con bloques de madera para facilitar la circulación en una metrópoli que crecía rápidamente.

Cuenta la historia que una vaca en un establo dejó caer una lámpara de queroseno dentro del establecimiento. La pequeña chispa que provocó pronto se expandió avivada por el viento. Desde el principio, los bomberos lucharon contra el fuego en un combate desigual, pues el viento contribuyó en avivar las llamas durante dos días interminables, en los que las construcciones de madera se pasaban la antorcha de la destrucción unas a otras.

El fuego había destruyo 6,5 km² del centro de la ciudad, provocado casi 300 muertos y dejado sin hogar a más de 100.000 personas. Más de 17.000 edificios fueron destruidos, estimándose una pérdida superior a los 200 millones de dólares.

Incendio Chicago


3. El incendio de Santander

El 14 de febrero de 1941 una chimenea mal apagada originó el incendio, que avivado por un temporal de viento procedente del sur, rachas superiores a los 180 kilómetros por hora, arrasó durante dos días la zona medieval de la capital de Cantabria, incluyendo su catedral, que no sería reconstruida hasta 1953. Miles de familias quedaron sin hogar y la ciudad quedó sumida en el caos y aislada del resto del país durante días.

El incendio causó una sola víctima, un bombero madrileño. Falleció en el hospital de Valdecilla tras una leve recuperación. A pesar de eso, el daño material fue inmenso y miles de familias perdieron sus hogares.

Catedral Santander incendio


4. El incendio del Hindenburg

El LZ 129 Hindenburg fue un dirigible alemán destruido a causa de un incendio cuando aterrizaba en Nueva Jersey el 6 de mayo de 1937, causando la muerte a un total de 35 personas (alrededor de un tercio de los pasajeros). El accidente fue ampliamente cubierto por los medios de la época y supuso el fin de los dirigibles como medio de transporte.

El dirigible aleman ya había largado los amarres y se acercaba a la torre, se observó a popa un destello de fuego de San Telmo, que son chispas extensas e inermes de electricidad estática. Repentinamente, se prendió fuego en la parte superior de la popa, extendiéndose casi instantáneamente por todo el dirigible mientras la estructura caía lentamente sobre los pasajeros que saltaban desde una altura de 15 metros y marinos que ayudaban en las maniobras. Quedó destruido por completo en menos de 40 segundos y su esqueleto permaneció largo tiempo en el suelo hasta que fue vendido como chatarra.

A pesar de lo impactante del desastre, de las 97 personas que había a bordo sólo 35 murieron, la mayoría de ellas quemadas o aplastadas bajo la estructura.

Dirigible quemado Hindenburg


5. El Gran Incendio de Londres

Las palabras de Nostradamus «La sangre de los justos será reclamada desde Londres, arrasada por el fuego, cuando tres veces veinte más seis sea escrito», parecían profetizar el gran incendio de Londres. Unido a la coincidencia de un año marcado con el símbolo del Demonio (666), las múltiples visiones demoníacas del suceso no se hicieron esperar.

A mediados del siglo XVII, Londres es una emergente metrópoli que se disputaba con los Países Bajos el control del comercio internacional. Pero el 2 de septiembre de 1666, el corazón de los ingleses se paró ante los trágicos acontecimientos que se acababan de iniciar.

El fuego comenzó en la casa del panadero de Carlos II, rey de Inglaterra. Tras ser informado, el alcalde despreció el siniestro y afirmó que «una mujer podría apagar las llamas con una meada». Fue su primer error. Como consecuencia, en apenas cinco días el fuego devastó Londres. El principal sistema contra incendios de la ciudad consistía en una serie de cortafuegos que se realizaban mediante la demolición de las casas aledañas. Sin embargo, los propietarios se negaron a destruir sus hogares, lo que provocó una rápida extensión de las llamas.

Más de 13.000 casas, 87 iglesias y tres puertas de acceso a la ciudad habían sido destruidas, y 80.000 personas se quedaron sin hogar. El número de muertos se desconoce, pues muchos no fueron inscritos en el registro de fallecimientos.

Londres quemada incendio

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