El incendio de Londres del Siglo XVII

Quince años después del gran incendio de Londres, alguien confiesa la posible inocencia del francés al que condenaron a muerte por su supuesta implicación en la catástrofe. ¿Cómo es posible?

Un terrible incendio cambia el futuro de la ciudad de Londres

Londres 2 de septiembre de 1666, domingo de madrugada. Con casi 70.000 muertos a las espaldas por culpa de la Peste Butónica, Londres se enfrenta a otra catástrofe.

Thomas Farynor tenía una panadería en una típica callejuela de la ciudad, Pudding Lane, cerca del Támesis. Era un lugar popular donde también horneaba para el Rey Carlos II.

A las 02H00 de la mañana, los criados se alarmaron al ver que quedaron atrapados en la planta de arriba porque el fuego ya había invadido el bajo. Al parecer el horno se quedó encendido desencadenando la tragedia.

Solo pudieron salvarse el Señor Farynor junto a su hija y un criado. La doncella murió por no atreverse a salir por la azotea. El viento soplaba fuerte, las casas estaban muy cercas las unas de las otras y estaban hechas de madera. Por lo que empezaron a arder de forma inminente destruyendo más de 13.000 viviendas además de cuatro puentes que cruzaban el Río Támesis.

Los fuegos pequeños eran comunes en aquella época

En aquellos tiempos las casas y las calles se iluminaban con antorchas o velas. El fuego también se utilizaba para calentar las estancias y cocinar. Era habitual ver pequeños incendios en la ciudad debido a pequeños accidentes, aunque esa noche nadie pensó que iba a ser diferente.

De hecho, cuando despertaron a Lord Thomas Bludworth para comunicarle el incidente, éste no se lo tomó muy en serio. Su respuesta fue:

“Seguro que una mujer puede acabar con él meando encima”

Su respuesta pasó a la historia como muestra de incompetencia e irresponsabilidad.

La Calle Pudding Lane estaba cerca de los muelles del Támesis, donde asentaban los almacenes de aceite, de alcohol o carbón. Esto ayudó a que el fuego se propagase con mayor facilidad y rapidez. En aquellos tiempos no había cuerpos de bomberos. Sólo algunos disponían de algún carro con bomba de agua y era complicado reunir los suficientes para apagar las llamas.

Tres días de destrucción por el incendio

Lord Thomas Bludworth reaccionó tarde para poner en marcha un plan. Derribaron varios edificios a modo de cortafuegos para que éste no pudiera avanzar.

Los más pobres se negaban a salir de sus casas con la esperanza de que el fuego no les alcanzara. Sin embargo, el incendio que duró tres días, dejó en la calle a más de 13.000 familias sin sus pertenencias.

Algunas lograron recuperar parte gracias a haberlas tirado al Támesis.

El Rey termina destituyendo a Lord Thomas tras su incompetencia y falta de decisión. Éste finalmente desapareció, supuestamente huyó para evitar ser condenado. El Rey Carlos II se puso al frente, terminaron por controlar el incendio y las siguientes construcciones iban a ser de piedra o ladrillo por imposición.

Algo bueno de todo aquello, fue la erradicación de la Peste Butónica.

 

 

En busca de la cabeza de turco

Tras la tragedia, el pueblo inglés estaba hambriento por encontrar un culpable. Especularon sobre posibles actos vandálicos por parte de holandeses y franceses, con los que había enemistad en aquella época.

El panadero negó rotundamente ser el culpable del incendio y alegó que él también había perdido todas sus posesiones. Y puesto que todo ocurrió muy deprisa y no pudieron probarlo, fueron en busca de un culpable. La mala suerte recayó en un relojero francés, Robert Hubert. El hombre hacía viajes desde Suiza a Francia y decían que era un hombre extraño, loco y ocasionalmente desorientado.

Al parecer, éste confesó haber tirado una bola de fuego por la ventana donde empezó el incendio de Londres. Empezaron a salir testigos de la nada y, finalmente, éste fue condenado a morir ahorcado el 27 de octubre del mismo año.

El capitán del barco donde estaba el francés confesó, 15 años después de su muerte, que Robert Hubbert estaba en su barco cuando empezó el incendio, por lo que él no podía haber sido. ¿Por qué no lo dijo en su momento? Parece ser que eso nunca se supo. Robert Hubbert murió injustamente por algo que no había hecho, no en el lugar de los hechos ni aquel día.

Lo curioso es que, 320 años más tarde, los panaderos de Londres pidieron disculpas por lo sucedido y exculparon a Robert Hubbert.